Descarriadas

Un concierto de rock. Una mujer y sus recuerdos. Unos recuerdos de una época, no tan lejana, en la que esa mujer fue empujada de cabeza al lugar donde vive la culpa, estigmatizada por el resto, castigada por la moral vigente, robada por sus propias cuidadoras, sometida al silencio. Un silencio que ahora se hace grito.

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«Descarriadas» es un monólogo teatral escrito por Laila Ripoll, dirigido por Paloma Rodera e interpretado por Luna Paredes, y con una duración de unos setenta y cinco minutos.

«Descarriadas» también es un concierto de rock. Es un viaje a un pasado no tan lejano en el que una mujer cuenta su historia, que es la historia de muchas mujeres, y lo hace también a través de la música.

El espectáculo nace de la necesidad de hablar de una parte callada de la historia reciente de España: los abusos realizados por parte del Patronato de Protección a la Mujer. Hablar de lo que fuimos siempre es necesario para no repetir lo que seremos. Hablar de estas mujeres es necesario para comprender lo que somos, para evitar lo que no queremos ser. Y una vez que se sabe lo que ha ocurrido, que se logra destapar la caja de esa memoria que se ha mantenido oculta durante demasiado tiempo, es imposible no querer contar. No querer contarnos. Por eso este proyecto sale a la luz. Para desvelar lo que ha pretendido mantenerse velado. Para romper el silencio.

El equipo se compone en su mayor parte por mujeres: Laila Ripoll en la dramaturgia, Paloma Rodera en la dirección, Luna Paredes en la interpretación, Laura Ferrón en la escenografía, Irene Maquieira realiza los arreglos musicales, Sergio Balsera diseña la iluminación, Ana Dévora de las audiovisuales y Carlos Fapresto asesora en la gestión y producción de este espectáculo de Teatro Al Punto Producciones.

FotografíadelespectáculoRaquelRodríguez01.jpgEl origen de este espectáculo surge tras el descubrimiento de la existencia en nuestro país, no hace tantos años, de supuestos «reformatorios» o «colegios para chicas descarriadas», que eran auténticas cárceles en los que se internaba a mujeres que no se consideraban ejemplos de la moralidad vigente. Los maltratos físicos y psicológicos a los que eran sometidas se acentuaron hasta el punto de que a muchas de las mujeres que acudían embarazadas llegaron a robarles sus bebés. Quizá lo más grave de esta situación es su prolongación en el tiempo: los reformatorios no llegaron a cerrarse oficialmente hasta 1983, después del suicidio de una interna.

Estos hechos históricos son apenas conocidos, pero varios libros, noticias en prensa, materiales jurídicos y gráficos dan cuenta de ellos, y dan pie a una investigación por parte del equipo, que concluye con la búsqueda de testimonios directos de varias mujeres que fueron internadas en estos reformatorios.

FotografíadelespectáculoRaquelRodríguez02La pieza se concibe como un monólogo interpretado por una actriz, porque esta historia fue vivida por mujeres. Este formato, además, trata de reflejar la individualidad a la que fueron arrastradas, la incomunicación que les estaba impuesta. Las vidas de estas mujeres no pueden reconstruirse; han quedado fragmentadas, despedazadas, mutiladas. Y no han tenido nunca ni el espacio público ni el altavoz suficientemente alto como para que estos hechos se sepan y no se oculten.

Por eso este espectáculo sale a la luz: para hablar de lo que fuimos, y hacerlo artísticamente en formato teatral. No es este un monólogo historicista o moralista, ni es teatro documental. Es, ante todo, un espectáculo que rinde homenaje a unas mujeres que estuvieron sometidas al silencio. Es el grito de una mujer, que da voz a los gritos callados de muchas mujeres.

Para más información sobre el proyecto puede descargar un dossier aquí